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MENTE.


     El Ser Humano es una energía en la que están integrados el Cuerpo y la Mente. Las reacciones bioquímicas cerebrales influyen sobre la Mente, pero es igual de cierto que las actitudes mentales influyen sobre el cerebro. Esto está científicamente demostrado. Pero hay actualmente un fundamentalismo científico que ha suprimido la Mente. Y ha dado lugar a una Psiquiatría puramente materialista, o mejor, a una Farmacopsiquiatría, es decir, los trastornos psicológicos únicamente se intentan aliviar a través de medicamentos.
     Pero está demostrado que somos Cerebro y Mente. Somos algo más que reacciones bioquímicas cerebrales. Nos podemos entender como una energía mental en la que está integrado el cerebro. Los trastornos psicológicos se solucionan psicológicamente. La medicación sólo puede ser una ayuda en algunos casos de gran sufrimiento y gravedad, pero la solución es mental. Todo un gran científico como Ramón y Cajal dijo: "Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro". Somos algo con capacidad de decidir por nosotros mismos.
                                                 

                           

ESQUEMA MENTAL.

                                                                                                                                      (Análisis obsesivo) 

       Actividad Analítica (RAZÓN) <------ dirigida a pensar <------ Concentración en el Ahora
                       l                                                                                              (VOLUNTAD)
  Nivel Intermedio (SERENIDAD) <----- dirigida a sentir <----- Concentración en el Ahora
                       l

                  Sueño                                                                                                            (Angustia)


Respuesta Global: mirar el 99,9% y no el 0,1%
                                                                  



EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO (Viktor E. Frankl).


     Un diplomático norteamericano de alta graduación acudió a mi consulta en Viena a fin de continuar un tratamiento psicoanalítico que había iniciado cinco años antes con un analista de Nueva York. Para empezar, le pregunté qué le había llevado a pensar que debía ser analizado, es decir, antes que nada, cuál había sido la causa de inciar el análisis. El paciente me contestó que se sentía insatisfecho con su profesión y tenía serias dificultades para cumplir la política exterior de Estados Unidos. Su analista le había repetido una y otra vez que debía tratar de reconciliarse con su padre, pues el gobierno estadounidense, al igual que sus superiores, "no eran otra cosa" que imagenes del padre y, consecuentemente, la insatisfacción que sentía por su trabajo se debía al aborrecimiento que, inconscientemente, abrigaba hacia su padre. A lo largo de un análisis que había durado cinco años, el paciente cada vez se había ido sintiendo más dispuesto a aceptar estas interpretaciones, hasta que al final era incapaz de ver el bosque de la realidad a causa de los árboles de símbolos e imágenes. Tras unas cuantas entrevistas, quedó bien patente que su voluntad de sentido se había visto frustrada por su vocación y añoraba no estar realizando otro trabajo distinto. Como no había ninguna razón para no abandonar su empleo y dedicarse a otra cosa, así lo hizo y con resultados muy gratificantes. Según me ha informado recientemente lleva ya cinco años en su nueva profesión y está contento. Dudo mucho que, en este caso, yo tratara con una personalidad neurótica, ni mucho menos, y por ello dudo de que necesitara ningún tipo de psicoterapia, por la sencilla razón de que ni siquiera era un paciente. Pues no todos los conflictos son necesariamente neuróticos y, a veces, es normal y saludable cierta dosis de conflictividad. Análogamente, el sufrimiento no es siempre un fenómeno patológico. Más que un síntoma neurótico, el sufrimiento puede ser un logro humano, sobre todo cuando nace de la frustración existencial. Yo niego categóricamente que la búsqueda de un sentido para la propia existencia, o incluso la duda de que exista, proceda siempre de una enfermedad o sea resultado de ella. La frustración existencial no es en sí misma ni patológica ni patógena. El interés del hombre, incluso su desesperación por lo que la vida tenga de valiosa es una angustia espiritual, pero no es en modo alguno una enfermedad mental. Muy bien pudiera acaecer que al interpretar la primera como si fuera la segunda, el especialista se vea inducido a enterrar la desesperación existencial de su paciente bajo un cúmulo de drogas tranquilizantes y antidepresivas. Su deber consiste, en cambio, en conducir a ese paciente a través de su crisis existencial por el crecimiento y desarrollo, a ayudarle a encontrar el sentido de su vida.
                                                     

              

LA REPÚBLICA (Platón).


     Los hombres viven en una caverna bajo el suelo y atados de espaldas al fuego. Encima del fuego está la salida, tapada por un muro y desde donde cuelgan unas figuras. Los hombres lo único que ven son las sombras de las figuras proyectadas por el fuego.
     Imagínate ahora que uno de los habitantes de la caverna empieza a preguntarse de dónde vienen todas esas sombras de la pared de la caverna y, al final, consigue soltarse. ¿Qué crees que sucede cuando se vuelve hacia las figuras que son sostenidas por detrás del muro? Evidentemente, lo primero que ocurrirá es que la fuerte luz le cegará. También le cegarán las figuras nítidas, ya que, hasta ese momento, sólo había visto las sombras de las mismas. Si consiguiera atravesar el fuego y el muro, y salir a la naturaleza, fuera de la caverna, la luz le cegaría aún más. Pero después de haberse restregado los ojos, se habría dado cuenta de la belleza de todo.
     Ahora, el feliz morador de la caverna podría haberse ido corriendo a la naturaleza, celebrando su libertad recién conquistada. Pero se acuerda de los que quedan abajo en la caverna. Por eso vuelve a bajar. De nuevo abajo, intenta convencer a los demás moradores de la caverna de que las imágenes de la pared son sólo copias centelleantes de las cosas reales. Pero nadie le cree. Señalan a la pared de la caverna, diciendo que lo que allí ven es todo lo que hay. Al final lo matan.
                                                                  



ANTIPSIQUIATRÍA: LA POLÍTICA DE LA EXPERIENCIA (Ronald D. Laing).


     El avión que está fuera de la formación puede ser anormal, malo o loco desde el punto de vista de la formación. Sin embargo, también la formación puede ser anormal, mala o loca desde el punto de vista de un observador ideal que los viera desde el suelo. Estar en la formación no significa necesariamente estar en la ruta. Este es el engaño del cerdo de Gadara. No hay necesidad de idealizar a alguien precisamente por el hecho de estar fuera de la formación, pero tampoco hay que convencer a esta persona de que la curación consiste en volver a la formación.
     Si la formación está realmente fuera de la ruta, entonces el hombre que está a punto de entrar en la ruta debe abandonar la formación. Si uno lo desea puede hacerlo sin gritar ni chillar, sin aterrorizar a la ya asustada formación que uno va a abandonar.
     La Esquizofrenia es un diagnóstico, una etiqueta que algunas personas cuelgan a otras. Pero esto no prueba que la persona etiquetada esté sujeta a un proceso esencialmente patológico, de origen y naturaleza desconocidos, que se desarrolla en su cuerpo. Es muy fácil olvidar que dicho proceso no es más que una hipótesis, tomarlo como un hecho y luego pronunciar la opinión de que el sujeto está biológicamente mal adaptado y que, como tal, es patológico. Pero la adaptación social a una sociedad disfuncional puede ser muy peligrosa. Un piloto especializado en lanzar bombas y perfectamente adaptado puede representar una mayor amenaza para la supervivencia de las especies que un esquizofrénico hospitalizado, que se imagina que la Bomba está en su interior.
                                                                



PLOTINO O LA SIMPLICIDAD DE LA MIRADA (Pierre Hadot).


     Si se ha descendido, es porque no se soportaba seguir estando ahí arriba. Sin embargo, lo que ahora no se podrá soportar será estar aquí abajo. Ya no se es de ninguna parte: demasiado terrestre para conservar el don divino, sin embargo se es ahora demasiado divino para olvidarlo:
     "Las mentes son necesariamente como anfibios. Viven, en parte, la vida de ahí arriba y, en parte, la vida de aquí abajo".
     Tal es la paradoja de la condición humana. Ahí arriba somos nosotros mismos, pero ya no nos pertenecemos, porque ese estado nos es dado y dejamos de ser dueños de nosotros mismos. En este mundo de aquí abajo, creemos que somos nuestros propios dueños, pero sabemos que ya no somos verdaderamente nosotros mismos.
     ¿Cómo vivir entonces? Para Plotino, el gran problema consiste en aprender a vivir la vida diaria. Tras la contemplación, se trata  de aprender a vivir una vida que nos predisponga a la contemplación. Se trata de concentrarse interiormente, de recogerse lo bastante como para estar listo para acoger la presencia divina cuando ésta se manifieste de nuevo. Es preciso desvincularse lo suficiente de la vida de aquí abajo para que la contemplación pueda convertirse en un estado continuo. Y es preciso, con todo, aprender a soportar la vida cotidiana, más aún, aprender a iluminarla por medio de la claridad que proviene de la contemplación. Ello constituirá un verdadero trabajo de purificación, simplificación y unificación interiores.
                                                              



BHAGAVAD-GITA (anónimo).


     Cada uno debe actuar según su propia naturaleza, aunque sea imperfecta, antes que la de otro, aunque sea superior. Cada uno debe actuar según su propia naturaleza, sin esperar los resultados.








 

 

Copyright 2004 TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO: SALIR DEL LABERINTO